El fotógrafo y artista plástico de origen austriaco posee una vocación social alimentada por su interés en los derechos civiles, la sociedad y niñez lacerada, lo que abunda en un arte con miras a una denuncia renovadora a través de sus 56 óleos de gran formato
Dice Jean Baudrillard que “el mundo es un ready-made, y todo lo que podemos hacer es, de alguna manera, conservar la ilusión o la superstición del arte”. Después del fin del arte, una vez que el lenguaje de la estética se ha dislocado y ha creado una multiplicidad de lenguajes que incluyen todo o nada; en una era en la que se exhiben imágenes hasta la náusea, repletos de escenas desgastadas, mudas, repetidas al infinito, historias de violencia que no permiten la reflexión y nos obligan a darles la espalda, conscientes de la ruptura que se dio en el origen y que nos mantiene escindidos, el artista intenta retomar los diversos hilos del entramado y con ellos tejer de nuevo la ilusión: gesto artístico, sacrificio renovador, ritual. La función del rito es recordar un acto que no debe pasar inadvertido.