Bajo la curaduría de Susan Crowley la exposición es protagonizada por niños ensangrentados, heridos, vendados, víctimas del caos, los conflictos bélicos y el miedo que se vivió al final de la Segunda Guerra Mundial, y hace referencia a la infancia, inocencia, la destrucción, el trauma y la condición humana.
Para Helnwein, quien se convirtió en artista como una resolución humanitaria y altruista, la expresión artística redime una condición de abuso y la representación de la sangre permite volver a una transfiguración a través de los menores que retratan al hombre indefenso y vulnerable en todo momento.
El espectador verá imágenes en la que predominan rostros infantiles atónitos por la destrucción, pero también con la representación de la esperanza en su mirada, lo que le provocará alguna opinión emocional. “El arte es la última magia que queda en el mundo y con ella se trasciende y se transforma toda la problemática de la desesperanza”, abundó el artista austriaco. El triunfo del capitalismo norteamericano y el gusto que tiene por el cómic también son parte de esta peculiar muestra en la que figuran las imágenes del Pato Donald y Mickey Mouse.
Para la curadora Susan Crowley, las obras que conforman esta exposición van del realismo crudo hasta el expresionismo brutal.